Bea Redondo Tejedor

Bea Redondo Tejedor

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Otra vez. Llegas al trabajo y tu bandeja de entrada tiene 20 correos nuevos. No falla, la bandeja llena de mensajes promocionales es el pan nuestro de cada día. En tu mente, mientras los abres, sólo hay una palabra: spam, spam, spam.

Curiosamente, el origen de la palabra spam está en una marca de carne enlatada que los soldados americanos recibían de sus familiares durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, ¿cómo ha pasado una conversa a convertirse en una de las palabras más populares de la era digital?

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Hoy en día muchos conocemos la palabra, aunque pocos sabemos realmente lo que significa. Este anglicismo se ha introducido en nuestra lengua y es cada vez más utilizado, ya sea para hablar de ese compañero pesado que no para de insistir por Skype o de quien no para de mandarnos cadenas de Whatsapp para que tengamos buena suerte en la vida. Nos sentimos spameados constantemente y por todas partes, hasta el punto de no saber realmente qué significa el término.

¿Quieres saber cómo mejorar tu entregabilidad? Descárgate la guía: 

Guía de Principios Básicos de la Entregabilidad

 

Definición de spam de la OSI

¿Qué es realmente el spam?

La Oficina de Seguridad del Internauta propone la siguiente definición de spam o, en castellano, correo basura:

El spam (en inglés, correo basura) hace referencia a mensajes no solicitados, principalmente de tipo publicitario, y enviados de forma masiva. La forma de envío más utilizada es el correo electrónico, pero también puede presentarse por programas de mensajería instantánea o redes sociales.

Por tanto, es spam el email cuyo envío no ha sido previamente autorizado por el receptor. Así, toda comunicación que te envíe una empresa o un individuo al que no le has dado permiso anteriormente para aterrizar en tu bandeja de entrada es considerada spam.

No todos los mensajes molestos son necesariamente correo basura

Desgraciadamente, no todos los emails autorizados que recibimos a diario consiguen despertar nuestro interés, pero que un mensaje sea aburrido o repetitivo no significa que sea un correo basura. Del mismo modo, un mensaje que llega a tu bandeja de Correo No Deseado no tiene por qué ser necesariamente spam. Eso es lo que hace este concepto algo complicado de entender.

Tampoco lo vamos a negar, esa sensación de estar siendo acosado por los mensajes diarios de ciertas marcas es totalmente legítimo y puede acabar exasperándonos. Sin embargo, el habernos dado de alta en el boletín informativo de la empresa o de haber autorizado la comunicación por email los convierte en envíos legales.

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Sí, en algún momento algo de lo que esa empresa estaba ofreciendo nos interesó. Ya fueran las promesas de conocimiento ilimitado o la perspectiva de recibir gifs de gatitos a diario, lo cierto es que por algún motivo autorizamos el envío. El hecho de que ahora ese interés se haya convertido en apatía e incluso frustración es una buena señal de que ha habido una mala planificación de la estrategia de marketing, que no sólo no sigue las mejores prácticas en cuanto al ritmo de envío, sino que llena sus correos con  contenidos de poca calidad. En ocasiones, las empresas no entienden realmente que esta calidad radica en el interés que lo que enviamos suscita en los lectores, y desconocen qué buscan realmente sus contactos al inscribirse en su lista.

Cuando recibimos muchos correos electrónicos que no sólo no nos interesan, sino que además nos molestan sobremanera, nuestra reacción suele ser la de archivar ese mensaje en la bandeja de Correo No Deseado, marcándolo así como spam.

Como profesionales del marketing, que nuestros lectores apuesten por esta opción en vez de buscar el enlace para darse de baja nos afecta y condiciona el éxito de nuestros envíos futuros.

Además de tener que luchar por mantener una lista de contactos interesada, que no marque nuestros mensajes como correo basura, los profesionales del marketing tenemos más enemigos.

El hecho de que un correo electrónico llegue a la bandeja de Correo No Deseado no quiere decir necesariamente que se trate de spam, sino que los proveedores de mensajería por correo electrónico (ya sea Gmail, Outlook, Yahoo…), que se encargan de validar y clasificar la legitimidad de los remitentes a través de un gran número de filtros complejos.

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La mayoría de las personas que envían correo basura hoy en día son bloqueados por todos esos filtros, pero esto también significa que un gran número de correos legítimos nunca llegan a las bandeja de entrada.

A estos mensajes que nunca se reciben, pero que son totalmente legítimos, se les conoce como graymail. Son correos queel proveedor de mensajería ha identificado como correo basura por una serie de razones, como por ejemplo la poca interacción de los receptores, las altas tasas de rebote, la mala reputación de la IP o un contenido lleno de términos que hacen saltar las alarmas del spam. En muchos casos, los motivos por los que un mensaje nunca llega a la bandeja de entrada son difíciles de determinar.

Para poder medir ese riesgo nació el concepto de entregabilidad. La entregabilidad depende de un gran número de parámetros que debemos de tener en cuenta y una serie de prácticas que debemos seguir para asegurarnos de que nuestros correos electrónicos legítimos evitan los filtros anti-spam y aterrizan justo donde deben hacerlo.

En resumen…

Sólo el acuerdo previo y verificable de nuestros contactos diferencia un correo electrónico normal de un correo basura y nos convierte en un remitente legítimo y no un spammer. Todo email enviado a un destinatario que no nos haya dado previamente su autorización será considerado como un acto de spam y, por tanto, una infracción de la ley.