Imagina llamar todas las semanas a la puerta de alguien que no conoces. Repetidamente, una y otra vez. Sin ni siquiera haberte presentado y sin saber si tienen el más mínimo interés en verte. Igual al principio te abren la puerta y se preguntan qué haces ahí. A la semana siguiente, miran por la mirilla y te ignoran. A la tercera semana, probablemente empiecen a plantearse llamar a la policía.

 

Colarse en la bandeja de entrada sin ser invitado

Comprar una lista de email y enviar correos electrónicos a gente que no se ha interesado específicamente en nuestro contenido es un poco parecido. Al principio, puede que abran tus mensajes. Luego, empezarán a ignorarlos hasta que, en cierto momento, se cansen y llamen a la policía.

En España, esta policía puede tener dos caras. El poli bueno es el botón de spam: te mete en líos, pero podía ser peor. El poli malo es la Agencia Española de Protección de Datos, que no sólo te mete en líos, sino que también te puede meter un multazo de esos que dejan tu empresa tiritando.

En realidad, la metáfora del poli bueno y el poli malo viene a representar los dos grandes motivos por los que nunca deberías comprar una lista de contactos:

  1. Porque afectará a tu entregabilidad.
  2. Porque es ilegal.

¿Te parece un poco radical? Vamos a echarle un vistazo a cada uno y verás por qué comprar una lista de contactos es más grave de lo que parece.

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El poli bueno (que no es tan bueno): el spam

Si tienes mucha, muchísima suerte, los usuarios desinteresados eliminarán tu mensaje sin ni siquiera abrirlo o se darán de baja de tu lista. Sin embargo, aquellos que estén muy cansados ya de recibir correos electrónicos en los que no tienen el más mínimo interés marcarán tus mensajes como spam, en lo que podemos considerar como la metáfora digital de “pegarte un portazo en la cara por pesado”.

Si muchos usuarios molestos hacen lo mismo (y lo harán, ten en cuenta que probablemente no seas el único que ha comprado la lista y les ametralla con emails cada semana) tus tasas de spam subirán exponencialmente, afectando de forma negativa a tu reputación como emisor y a tu entregabilidad. Al final, todo el dinero que has gastado en esa lista no sólo no te reportará beneficios, sino que puede poner en jaque tu capacidad de llegar a la bandeja de entrada de tus contactos.

 

El poli malo: la Agencia Española de Protección de Datos

Ahora bien, imagínate que un día Juan, uno de esos contactos a los que otras tantas empresas como tú llevan ametrallando con tus geniales campañas de marketing, se harta, pero de verdad. Se harta tanto que, como no es tonto y conoce la ley, le envía un email a la Agencia Española de Protección de Datos quejándose de que estás enviándole correos electrónicos sin autorización y… he ahí el principio del fin.

La AEPD te abrirá un expediente sancionador y te exigirá pruebas de que tus contactos han dado su consentimiento… Unas pruebas que tú, por supuesto, no tienes. Sanción al canto. De nada te valdrá llorar o inventar excusas.

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En España, como en el resto de Europa, la ley exige que todos los contactos a los que vamos a enviar nuestras newsletters y campañas hayan dado su consentimiento expreso para recibir este tipo de comunicaciones.

Pero además, también estipula que todas las empresas deben notificar a la AEDP la existencia de un fichero de datos de carácter personal, para que esta pueda comprobar que éste cumplen con la legalidad vigente.

 

Enviar correos a quien no quiere recibirlos no sólo es un error desde el punto de vista comercial (¿para qué vas a gastar dinero en comprar una lista de email si no te va a aportar beneficios?), sino que puede convertirse en un gran problema desde el punto de vista legal.

Para sacarle el máximo partido a tu estrategia de email marketing, lo realmente efectivo es crear una lista de contactos de forma orgánica, con suscriptores que de verdad aprecien nuestros contenidos y nuestras ofertas.