Te hemos hablado en ocasiones anteriores acerca del impacto negativo que tiene una alta tasa de spam y los errores de entregabilidad, pero existe otro parámetro a tener en cuenta: la tasa de desinscripción. Aunque desde el punto de vista técnico es preferible que los destinatarios hagan clic en el enlace para darse de baja en lugar de en el botón de “denunciar spam”, una tasa demasiado altas de desinscripción puede ser bastante dañina. Después de todo, si no hay nadie que te lea, ¿cómo vas a dirigir tráfico a tu sitio web (y a tus productos)?

¿Qué tasa de desinscripción es aceptable?

En primer lugar, depende de tu industria, pero, en general, podemos decir que una tasa de entre el 0,2% y el 0,8%, se considera un buen promedio (el objetivo es, evidentemente, una tasa del 0%). Nuestra Política de envío te permite tener una tasa mayor o igual a un 1,4%, pero mejor evitar tales extremos, ¿verdad?

Al igual que con los rebotes, siempre tendrás algunas desinscripciones (al menos para los emails no transaccionales), así que no te preocupes si algunos de tus destinatarios se da de baja. Considéralo como un indicador para ayudarte a mejorar tus campañas de emailing. En cierto modo, si las personas realizan el esfuerzo de hacer clic en el enlace para darse de baja, puedes verlo como una manera de limpiar y actualizar tu lista. De este modo, solo conservarás los contactos interesados en tu contenido, es decir, aquellos que no se han borrado.

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Una tasa de desinscripción entre 0 y 0,5%: ¡el objetivo a conseguir!

¿Cómo puedes reducir la tasa de desinscripción de tus campañas?

Para simplificar, existen dos motivos principales que pueden llevar a alguien a darse de baja de tu lista: el destinatario no recuerda haberse suscrito a tus mensajes o se ha cansado de tu contenido.

En el primer caso, tendrás que optimizar la frecuencia de tus envíos, ser irregular da tiempo a la gente para olvidarse de ti. Por eso, debes asegurarte de que mantienes realmente el contacto con tus suscriptores: alguien que te facilita su dirección de correo electrónico es como si te diera su tarjeta de visita. Si no contactas con esa persona rápidamente (y con regularidad), se olvidará de vuestra reunión inicial.

Ocurre lo mismo con el emailing. Seguramente, te resultaría muy molesto recibir un mensaje de Facebook o LinkedIn de “Hola, ¿cómo estás?”, si no recuerdas la conversación que has tenido anteriormente, ¡o ni siquiera quién era el interlocutor! En caso de duda, preferirás bloquear a esa persona sin intentar hablar con ella. Tu suscriptor, que no ha oído hablar de ti en las últimas semanas o incluso meses, también actuaría así. Además, ya no deseará ser contactado por una persona que cree no conocer.

Por todo ello, la regularidad en tus envíos es vital. Un mensaje mensual a tus contactos es el mínimo para que se acuerden tu existencia.

Para el segundo caso, tendrás que reconsiderar tu estrategia de contenidos: ¿Mi mensaje se corresponde con las expectativas de mi destinatario (obviamente, no)? Vuelve a centrarte en la promesa inicial que hiciste a tus contactos cuando se suscribieron a tus mensajes. ¿Cumple tu mensaje con sus expectativas, sus necesidades? La optimización del contenido es una cuestión bastante densa que puede llevar su tiempo.

Por último, tendrás que mejorar también la calidad de tu lista de forma proactiva: ¿de dónde provienen tus contactos? ¿Cómo puedes sacar provecho a esa información? Al identificar con claridad y precisión a tus destinatarios, puedes responder más eficazmente a sus necesidades y adaptar tu contenido para que sea más relevante. No dudes en segmentar tus listas de contactos y personalizar el contenido de tus mensajes. ¡Implica más a tus lectores con tus contenidos!

La clave de la desinscripción es, sobre todo, una cuestión de compromiso. Si ya no ofreces lo que tus lectores esperaban, céntrate de nuevo en tus contenidos. Después de todo, el asunto de tu email y tu nombre les empujó a abrir el mensaje. ¡Todo lo que hagas debe dirigirse a generar un mayor compromiso!